Entre el humo de 20 cigarrillos y una botella de tequila pasé la noche de ayer.
Bailé como desesperado, reí, grité, canté. En la pista dancé con todas las chicas, y me divertí viendo el espectáculo. Mi sonrisa era tan grande que casi no cabía en mi cara.
Y hoy me duele mi rostro de tanto reír falsamente. Sí, es cierto, en algún momento llegué a olvidarlo todo mientras bailaba al son de una canción de duranguense, género que odio, pero por algunos cuantos instantes. Después llegaba de nuevo el dolor de no estar ahí con él, y me costaba aún más trabajo sonreír.
Pero no me atreví a arruinar la fiesta, de eso se encargaría alguien más, nunca falta un mala copa.
No lloré, al menos no hacia afuera, y mientras bailaba con mis amigas, que lucían hermosas, mis lágrimas se derramaban hacia dentro de mi, acumulándose en mi estómago y mi pecho. Me preocupa, por que toda agua que no fluye se infecta. Y cuando al fin salgan esas lágrimas atrapadas escupiré tanto ácido y veneno que no tengo idea de lo que pudiera ser capaz.
Tengo miedo, mucho miedo, de mi, de él, de todos. Pero me tengo que aguantar. Toda la vida he sido el poderoso, el árbol fuerte que cobija de la lluvia y da sombra a los que se acercan a mi. Pero creo que el invierno ha llegado al fin, y mis hojas están cayendo poco a poco. Sin embargo el tronco seguirá en pie. No queda otra opción.
Callaré el corazón por que el cerebro se equivocó. Es más fácil escuchar a la razón que al amor. Siempre lo he dicho, y siempre lo he hecho, y siempre había acertado. Pero no me había dado cuenta de que en asuntos de corazón el cerebro vale madres. Y ahora que al fin mi pecho desprtó y fué capaz de sentir el sentimiento más hermoso que he tenido en mi vida, mi miedo a lo desconocido lo echó todo a perder. Es en momentos como estos en los que reniego de la razón. Pero es lo único que me queda ya que mi corazón ha muerto.
Por lo demás seguiré con mi vida, hasta que el pecho me estalle de tanto amor conteido y mis ojos exploten y dejen correr las hediondas lágrimas contenidas por tanto tiempo. Seguiré bailando, cantando, fumando y tomando, sonriendo sin ganas y aparentando una felicidad que lejos de esa persona nunca más volveré a probar.
Por: J U G J
domingo, 5 de abril de 2009
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