jueves, 28 de mayo de 2009

el peón de negras

El peón se encontraba aún en el segundo escaque. Llevaba más de treinta turnos firmemente plantado en su lugar, defendiendo al monarca. El peón se llamaba Juan... o quizás Eduardo, Pablo, ¿Brian? uno nunca sabe, con esa nueva tendencia malinchista de usar nombres yankees para nombrar a sus hijos, podría tener cualquier nombre imaginable.

Más de media hora soportando la tensión de ver sucumbir a sus amigos, los hermanos con los que había convivido desde que era un trozo de ónix esperando a ser tallado con alguna forma extraña en el taller de un artesano de la plaza de la Ciudadela. ¿Y todo por quién? por aquél pedazo de ónix mal tallado que algunos llamaban Rey, frente a quien se encontraba. Por aquél que no era capaz de moverse más que de escaque en escaque, la más indefensa e inútil de las piezas que se mantenían de pie en el tablero de color negro y blanco. Y peor aún, por una pieza que ni siquiera tneía el poder o la inteligencia de manejar al resto de sus compañeros. Si tan siquiera aquél a quien defendían con su vida fuese lo suficientemente fuerte para mantener la paz y el orden en el campo de juego. Pero no. José Hidalgo, el Rey de negras, era el más débil y estúpido de todos. Una mano invisible, casi intangible, que algunos daban a llamar Providencia, manejaba el destino de todos ellos y dirigía sus pasos; ora hacia la gloria, ora hacia la muerte.

El peón del rey, cuyo nombre desconocemos, se mantenía con la esperanza de que la divina mano de la providencia lo usare de tal forma que pudiera llegar al último de los escaques y fuese nombrado caballero, honor con el cual podría aspirar al honor de yacer en el lecho de la Dama,Fausta, señorita de hermosas aristas talladas en una de las más finas piezas de ónix mexicano, y pulida con tal esmero que parecía un trozo de hielo coloreado. El pobre peón sin nombre, se delitaba mirando a la Dama avanzar en cualquier dirección, haciendo un alarde casi insolente del poder con que disponia, y que, con todo, se mantenía supeditado a la voluntad e inteligencia (o estupidez) de la "divina mano de la providencia". Cantando la Sandunga en voz baja, para que el Rey no escuchase su penar, esperaba la ocasión de que la mano le permitiera demostrar ante todos en general, y ante la dama en específico, su valía.

El rey, apabullado, y casi al borde del llanto, se mantenía gimiendo lastimosamente atrás del ya mencionado peón, huyendo del campo de batalla como quien huye de la peste y gritando a los cuatro vientos y sin soltar una palabra, lo cobarde e inútil que era. Sus maneras recordaban vagamente a un gato desvalido, con ese aire de estorbo que no deja de causar cierta lástima y casi hasta ternura. Obviamente esta situación llegó a desesperar a nuestro valiente peón, quien, sin embargo, no se atrevía a dar un sólo movimiento para alejarse de ahí y tomar partido en la cruenta batalla que se desarrollaba frente a sus ojos. Nunca a ninguna pieza se le había ocurrido hacer un sólo movimiento por sí mismos. Eran como un monumento al conformismo y la mediocridad. Siempre esperaban que "la mano" decidiera su destino por ellos, ni siquiera estaban consientes de la capacidad que tenían de moverse a placer por el tablero...



Al fin... ¡Al fin!, después de un turno en el cual las negras habían perdido a la última de sus torres, la mano se dejó caer sobre el infortunado peón, y lo hizo avanzar dos escaques de una sola vez

El peón anónimo no cabía en sí de gozo, se sentía importante, grande, se veía ya encumbrado; Llegando con gallardo porte al último escaque después de haber huido inteligentemente del acoso de las blancas. Siendo nombrado como Caballero y finalmente poniendo en jaque al rey blanco, que parecía ser tan pusilánime como el negro, y dándole a su bando la victoria y el control completo sobre el tablero. La dama Negra al fin yacería junto a él en el estuche de madera donde dormían su sueño, su muerte después de cada partida, esa muerte que tanto le pesara antes sería de lo más dulce reposando la cabeza sobre el hombro de su Dama, aunque al despertar volviera a ser el mismo peón inservible que tendría que proteger, quizás al rey, a una torre o a la misma Dama. Fausta, la gallarda Dama de negras, Fausta, la fortísima Reina, Fausta, la poderosa, la bella, la hermosa.


Tan embebido se encontraba en su ensoñación que no notó que en el turno siguiente una torre puso en jaque al Rey de negras, obligando a "la mano" a colocar a la Dama entre la torre y el Rey. Un estremecimiento recorrió cada parte de su duro cuerpo. Con todas sus fuerzas rogó, a quien corresponda, que protegiera a su amada Dama Fausta. Quien fuera, Jesús, Jeohvá, Alá, Buda, quien fuera que pudiera ayudar. Sin embargo, un terrible alfil, un estúpido alfil, puso fin a la vida de la Dama Fausta. Una vez más muerta, regresaría a dormir el sueño indefinido de siempre en la caja de madera, sin haber visto cómo su gallardo Peón sin nombre lograba la gloria en su honor.

Un sentimiento de vacío infinito invadió su interior, y un sólo pensamiento llenó su pequeña mente. ¡Morir!, morir y reunirse con su amada Dama Fausta.

Su pequeña y casi inactiva mente se inundó con la necesidad de morir, y sacrificar su vida y la gloria personal y colectiva al amor que por su Dama sentía.

Buscó en los escques aledaños y se dió cuenta de que el escaque que se encontraba inmediatamente a su derecha, era amenazado por el caballero de las blancas. Hizo acopio de todas sus fuerzas, y lanzando una postrera mirada hacia el pusilánime trozo de ónix a quien jurara lealtad, hizo lo que ninguna pieza se había atrevido a hacer hasta ese momento. Para el asombro de todos el peón del rey se movió lateralmente y sin la ayuda o aprobación de la "mano de la providencia", la cual, por otra parte, no notó el sutl cambio. Después de todo. ¿Qué era un peón en toda esa retahíla de muñecos mal trazados?

Finalmente la mano tomó Al caballo de las negras, y de un solo golpe abatió al pobre peón, que quedó postrado y sin conciencia sobre el tablero monocromático. Con esta jugada se daba jaque mate al Rey de negras y el partido terminaba con una irrefutable victoria para el bando blanco.

-Do you want to play again mr smith?
- no no, tomorrow! tonight i need sleep

Mr smith, presidente de una importante refrsquera estadounidense, guardaba una a una las piezas del ajedréz que comprara hace ya unos meses en el mercado de artesnías de la Ciudad de México, durante una visita de placer con su familia. Y, como siempre, había perdido una vez más contra el vicepresidente de su compañía, Mr Robinson. Un gran descalabro para las negras.

El día siguiente, Mr Smith y Mr Robinson se reunieron de nuevo en la oficina del primero para su esperada partida de ajedrez. Una vez más las negras fueron para Mr smith, y una vez más, nuestro héroe, el peon del rey volvió de la muerte a ocupar su sitio frente al monarca. Y una vez más, como siempre ocurría, ninguna pieza recordaba lo que había sucedido en la partida anterior, todo se había borrado de la mente del Peón, La dama Fausta, la repulsión que le Causara el Rey Juan, su acto de heroísmo al moverse sin el permiso de la "mano". Todo se había perdido y los recuerdos dormitaban en alguna esquina de la oscura caja de madera donde reposaban siempre. Las figuras del ajedrez son como algunos pueblos americanos, no bien duermen un rato y su memoria se esfuma.

Por: Juan Ulises Gazapo

sábado, 16 de mayo de 2009

sine nobilis.

Aquí adentro anida la noche
Mas... ¿Donde están las esstrellas?
si lo único que quiero
es a tí... ¿Por que no me besas?

Quiero que me enseñes
a detener la caída de las hojas
a encerrar un suspiro
y a ablandar las rocas.

Pero te guardas tus secretos
de raras bellezas
y apenas se dislumbran
bajo tus espesas cejas.

Como una llama congelada
brillan tus ojos, en tu faz de cera
y en tu pekeño cuerpo
la luz del sol juguetea.

Y te ausentas de este mundo
y vislumbras algún otro
ke no conozco, que es tuyo
y se transparenta por tus ojos

regálame otro abrazo
y un beso de inocente ternura
que yo llenaré tus brazos
con mi amor y mi locura...


Deja que intente
amarte como no he amado
déjame que te bese
como nunca ha nadie había besado.

Por: juan Ulises Gazapo Juárez

miércoles, 6 de mayo de 2009

...

Siempre pensaste, y seguirás pensando
que te quiero como se quiere a un amigo
y es cierto, que como tal te quiero
y es cierto que por ti suspiro.

Por que eres capaz de entenderme
pero no eres capaz de amarme
y aunque nunca podré tenerte
fuiste capaz de enamorarme.

Y aunque la desprecies
tuya ya es mi alma
por ke esto lo escribió tu amigo
pero lo firma: el que te ama.

Por: Juan Ulises Gazapo Juárez