La ciudad es tan grande y tan hermosa.
Humboldt la llamó la ciudad de los palacios, y la clasificó como una de las más hermosas que había visitado en su vida. Pero ¿que ha quedado de estas calles por las que otrora circularan los carruajes imperiales de iturbide y Carlota?. Nada. Unas cuantas casas derruidas y calles sucias, desempedradas, grises y desvencijadas. Y lo peor... llena de mexicanos.
Quizás me llamen malinchista, pero el verdadero problema en México son los mexicanos, no digo que los erradiquemos, pero si podríamos hacerlos cambiar. ¿Cómo? No soy secretario de desarrollo social para responder a esa pregunta.
Es sólo que me invade una sensación de vacío enorme cuando recorro sus calles. Si, muchas son hermosas, no lo niego, Sin embargo siempre habrá ese negrito en el arroz que opaque toda la claridad que irradien sus edificios, collage de estilos arquitectónicos. Un perro muerto aquí, un indigente allá, una botella rota acullá.
Normalmente esto no me molestaría, pues a final de cuentas siempre he pensado que lo bueno pesa más que lo malo, pero en el estado de ánimo en el que me encuentro todo me parece odioso, vacío, ridículo. Y sin embargo aquí estamos, de pie, como una sequoia, vieja, casi muerta, podrida por dentro, pero aún con la cabeza en alto, cobijando con su sombra el suelo del bosque que le dió la vida. Así, aunque esté por dentro muerto y apolillado, siempre me mantendré en pie y cobijaré con mis letras estas tierras que me vieron nacer.
Sim embargo cobijarla no significa ser suave, al contrario, solo puede crecer el grano en la tierra herida por el arado. Y ofrezco a mi amada y desafortunada patria el filoso arado que es la pluma con la que escribo. Quizás no será mucho pero es todo lo que puedo hacer por ahora.
Mientras me mantenga de pie, mientras nadie me tire, mientras mi marcapasos aún tenga pila, lucharé por cambiar en oro esta mierda que llamamos México. Cierto, mucha gente tiene razón en llamarnos "país de mierda" por que la tenemos hasta el cuello. Pero esta mierda mexicana es mía, y la aprecio, y no me quedaré de brazos cruzados mientras veo como mis hermanos de mierda se descarrilan y se hunden aún más en las cenagosas aguas de la ignominia. Es casi como si, culturalmente hablando, un canal de deshechos nacido en gringolandia desembocara justo en la capital de nuestro país. Vamos mexicanos. levántense al grito de guerra, y tomen sus armas, y si son tan cobardes que no puedan enfrentar al enemigo que les hunde la cabeza en la mierda, sean por lo menos lo suficientemente valientes para hundir su propia espada en su corazón.
Arriba la Ciudad de México, Tan sucia, tan insegura, tan contaminada, pero tan mía y tan amada.
Por: Juan Ulises Gazapo Juárez
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